¿Qué es un wing? Yo tengo una visión muy particular del puesto. No es aquel jugador que, simplemente, usa la camiseta con el número 7 o el 11 en la espalda, y que ocupa uno de los costados de la cancha. No. Para ser un verdadero wing hay que sentir el fútbol de una manera diferente. Lo que no quiere decir ni mejor ni peor que un volante, un delantero central o un defensor. Los punteros conforman una raza especial dentro del fútbol. Saben que su misión es crear situaciones que otros compañeros aprovecharán para convertirse en goleadores. Y saben muy bien que en el campo, aparte de su marcador específico, siempre deberán luchar contra dos rayas —lateral y fondo de cancha— que todavía serán más implacables para limitar sus movimientos. Los wines tienen apariencia de jugadores informales. Pero son aquellos que, a la hora de la verdad, muestran cómo están integrados al equipo. Wines fueron Garrincha, Bernao y el yugoslavo Dzajic. A quienes nombro para ejemplificar estos conceptos iniciales y para rendirles el homenaje de mi admiración.
Hasta aquí, lo que yo pienso y siento sobre los wines, y por lo tanto, sobre el desborde. Pero así como no soy el dueño de la verdad, tampoco debo darle la espalda a la realidad. Y ésta me dice otras cosas.
Creo que hemos llegado a las primeras conclusiones. Que se podrían resumir así:
1) Los wines que desboran casi nunca son goleadores.
2) Para tener desborde hay que jugar con punteros-punteros. No basta con cubrir los laterales de la cancha.
3) Lo ideal de un equipo es jugar con wines de distintas características, para tener variantes de ataque. Uno, al estilo de Garrincha, Bernao o Dzajic. El otro puede ser veloz como Santamaría. O bien realizar un juego similar al de Pedro González. Pedro, cuando se queda sobre su lateral, sin llegar a desbordar, es un gran lanzador de centros. No son ollazos, sino colocados. Eso lo hace tan peligroso como el wing que llega hasta el fondo y manda la pelota hacia atrás.
4) Creo que mi opinión es clara. Los wines tienen que desbordar. Pero me conformaría con uno, si el otro tiene las características goleadoras de Más o Mastrángelo. En este punto también quiero mencionar a Daniel Bertoni y Enzo Ferrero. Acaso sin el olfato goleador de aquéllos, pero con una cuota mayor de desborde.
El wing acaba de superar a su marcador (el 4). Por supuesto, con una gambeta. ¿Fue corta o larga esa gambeta? Siempre depende de la situación que él mismo analizó y definió. Para ello un wing necesita estar absolutamente concentrado. No sólo en su jugada. También debe tener un panorama claro de lo que ocurre en las inmediaciones. Cuando sale únicamente el 4, lo conveniente es la gambeta corta y seguir avanzando sobre el terreno rival. Pero ya dije que nadie regala nada y que para enfrentar a un wing que desborda, el equipo contrario pone sobre alerta a uno de sus marcadores centrales. El 2 en apoyo del 4 o el 6 haciendo lo propio con el 3 si se trata del otro sector. En estos casos hay que tirar una gambeta larga para superar en la misma acción a los dos defensores. Es-tamos desarrollando una jugada con el 11. Y tenemos anulados al 2 y al 4. No fue sencillo. Pero el wing que desborda tiene armas suficientes para realizar con éxito su misión. Esas armas son: sorpresa, manejo y pique. El pique se transforma en velocidad. Otro concepto que el wing debe tener muy en cuenta.
Creo que el tema merece tratarse por separado. Es una variante del juego de un wing y resulta muy eficaz para jugar de contraataque. Sobre todo cuando el puntero arranca vacío para cortar la cancha en línea oblicua, desde su lateral hacia los palos rivales, para encontrarse con un pelotazo que alguien le ha lanzado en profundidad. El fútbol es algo tan cambiante que no siempre el juego se presenta para desbordar por los laterales. Además, no debe olvidarse que las características de los jugadores hacen en definitiva el estilo del equipo. Y cuando un cuadro tiene un wing como Ernesto Mastrángelo, cuenta con el hombre ideal para habilitarlo con pelotazos largos para explotar lo bien que hace la diagonal desde afuera hacia el centro. El secreto del Heber es lo que en inglés se llama TIMING. Sentido del tiempo. Justeza para arrancar en el instante preciso. Ni una décima de segundo antes (para no irse al offside) ni una décima de segundo después (para que el defensor no trabe su arranque). Para eso, Mastrángelo tiene un olfato especial. Vive concentrado en el partido, observando al compañero que trae la pelota y a los defensores rivales, cuidando su colocación, siempre bien perfilado para picar y "robarle" al adversario el lado de adentro. Además, sus movimientos son exactos y simples. Así, sorprende siempre, aunque todo el equipo contrario sepa que va a cruzarse en diagonal para encontrarse con el pelotazo que viene desde atrás y generalmente desde la izquierda. Arranca, pasa por delante de las narices de su marcador -digamos el 3-, y le gana las espaldas al 6 en el momento justo en que llega la pelota. Lo demás es frialdad y convicción para definir. Hay otra diagonal: la del puntero que se interna llevando la pelota. Esta es una variante de desborde por adentro, muy positiva cuando el jugador domina la pierna opuesta al lateral de partida. Por ejemplo yo, cuando me tiro a recibir sobre la derecha y giro para entrar en diagonal, o Pedro González cuando arranca desde la izquierda. En este caso, el puntero que hace la diagonal va protegiendo la pelota de los defensores, llevándola con la cara externa del pie izquierdo (desde la derecha) o derecho (desde la izquierda). Daniel Bertoni sabe hacerla muy bien, con su facilidad para jugar sobre los dos perfiles y su potencia para terminarla en remate al gol.
3) Desde fuera del área, lo ideal es un centro-shot al primer palo. Una jugada que hacen muy bien Pedro González con Luque, quien va a buscarla a ese lugar ingresando en diagonal de izquierda a derecha. En todos los casos, para aclarar aún más estos tres ejemplos, estamos hablando del wing que llegó con su desborde hasta el fondo de la cancha (uno o dos metros antes de la línea del gol).
Hasta el momento hemos analizado —en una jugada imaginaria— un desborde del wing izquierdo. De más está decir, que valen los mismos conceptos para el puntero derecho. Y en este último caso, ¿cuál es la posición correcta del otro wing? Para ser más claros: ¿Qué hace el 7 si el desborde lo efectuó el 11 o viceversa? Yo, por ejemplo, espero unos metros más allá del segundo palo (ver las variantes del centro). Si la pelota pasa, lo conveniente es definir enseguida. Así, aprovechando que el arquero está tomando nueva ubicación, lo puedo sorprender a contrapierna con un remate cruzado. Pero no siempre se puede rematar. Porque la pelota, por ahí, viene muy afta o porque hay muchos jugadores adelante obstaculizando el ángulo del disparo. Entonces es preferible parar la pelota y reiniciar rápidamente la jugada. Intentar un nuevo desborde, esta vez por la izquierda, con varios elementos a favor. El 4 me descuidó porque en la acción anterior cerró sobre su arco. Y de esa manera se abren dos nuevas posibilidades para mi equipo:
1) Como dije, intentar un nuevo desborde: llegar hasta el fondo de la cancha y lanzar un peligroso centro hacia atrás.
2) Como me acerqué mucho al arco, puedo engañar al arquero amagando tirar el centro, para sacar en cambio un remate directo. Ustedes habrán visto muchas veces como, desde esa posición, un zurdazo pasa entre el primer palo y el guardavalla que, aparentemente, lo estaba cubriendo.
Llegamos al final. Y por eso quiero recalcar un concepto que para mí es fundamental: no hay desborde sin wines. Mi idea está avalada por la historia del fútbol. Los grandes equipos de todos los tiempos jugaron con punteros-punteros. Más habilidosos unos, más veloces otros. Pero wines al fin. Acepto que, por una carencia circunstancial —los jugadores todavía no se fabrican en Hong Kong— un técnico deba apelar a otros métodos para abrir la cancha y conseguir el desborde. Como ser defensores laterales que suben o delanteros que rotan por todo el frente de ataque. Pero es una solución de emergencia, no definitiva. El wing, el que sabe amagar, picar, frenar, meterle una gambeta a su marcador, no se inventa: ese wing nace. Por último, dos palabras a los pibes que usan la camiseta 11 o 7 en las divisiones inferiores. Por ahora hagan en la cancha lo que sientan. Y si alguna vez llegan a ser profesionales, recuerden que el fútbol es un trabajo sólo los días de entrenamiento. Los domingos hay que jugar. Porque es la única fórmula que existe para ganar.
OSCAR ORTIZ (1980)